En el 2009 se conmemoraba los 350 años de uno de los hechos históricos más relevantes en la Historia de Lora de Estepa. Se trataba de la inauguración, en 1659, de la colección que el hijo del segundo Marqués de Estepa tenía en su casa-palacio de Lora.

Sí, en esos cuatros ruinosos paredones de lo que hoy es la Plaza de España existía un edificio que albergaba una serie de elementos arqueológicos que conformaron una colección semi-privada y que sería el germen de la que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla, allá en el Parque de las Palomas.

Fachada Oeste

Su fundador, Don Juan de Córdoba Centurión, era un hombre dedicado a sus obligaciones como Oidor de la Real Audiencia. Pero no pasó a la posteridad por sus quehaceres administrativos. Más bien su afición por recuperar piezas de la antigüedad era lo que le absorbía todo el tiempo libre que sus obligaciones le permitía.

Trasladó a Lora toda la colección de pinturas y la biblioteca de su padre, Adán. Y se dedicó a buscar todas las inscripciones y restos de antigüedad que se encontraba en sus territorios. De esta manera fue creando su colección conformada por inscripciones colocadas en órdenes con el nombre del sitio donde se encontraron, y esculturas ubicadas en nichos de una logia que unía la casa con el jardín, recordando otras disposiciones anteriores como por ejemplo la que aún se puede contemplar en la Casa de Pilatos en Sevilla.

Lápida de Gayo Olio Secundus. Museo Arqueológico de Sevilla

¿Dónde se encuentran actualmente estas piezas? Unas en el Museo Arqueológico de Sevilla, otras perdidas y otras olvidadas. En este artículo nos centraremos en la inscripción fundacional del Palacio-Museo de D. Juan de Córdoba Centurión (CIL II, pág. 196), y trazaremos el recorrido descrito desde su original ubicación en Lora de Estepa hasta la actual.

Esta es la inscripción a la que nos referimos:

CONSAGRADO A LA MEMORIA INMORTAL
D. JUAN DE CÓRDOBA CENTURIÓN
HIJO DE ADÁN, MARQUÉS DE ESTEPA
CONSEJERO DEL REY FELIPE EL MAGNO DE ESPAÑA
PENSANDO EN LA POSTERIDAD
REUNIÓ CON CUIDADO ESTOS FRAGMENTOS DE EDAD ANTIGUA
QUE ESTABAN ESPARCIDOS CON DESCUIDO POR EL TERRITORIO DE ESTEPA
Y EN LA MEDIDA QUE PUDO LOS LIBRÓ DE LA DESTRUCCIÓN
Y CUIDÓ QUE SE COLOCARAN AQUÍ EN ORDEN
UNA VEZ QUE SE AÑADIERON
LOS NOMBRES DE LOS LUGARES DONDE APARECIERON
PARA QUE OFREZCAN A CUALQUIER PERSONA LA DIGNIDAD DE SU ANTIGÜEDAD
EN EL AÑO 1659 DE LA ERA DE CRISTO

Tras la muerte de Don Juan en Madrid el 21 de marzo de 1665, el museo sigue funcionando, y así lo vio y describió Juan Muñoz de San Román en su obra “Discursos sobre la república y ciudad antiquísima de Ostippo y su fundación segunda”, fechado en 1716, manuscrito que actualmente se encuentra en la Universidad de Sevilla y que contiene la única descripción del museo que se realizó cuando éste aún estaba íntegro.

Dibujo de la inscripción fundacional. Manuscrito San Román. Universidad de Sevilla

Fray Alonso del Barco en su manuscrito de 1788 “La antigua Ostippo y actual Estepa”, se queja del estado de ruina y abandono en que se encontraba el palacio y la colección, y por ello decide contactar con Francisco de Bruna, nombrado Alcalde del Alcázar de Sevilla en 1765, que había comenzado a formar una colección de antigüedades bajo la tutela de la corona:

Le di cuenta de la copiosa colección de inscripciones que a mas de las estatuas, había hecho en su Palacio de Lora Don Juan de Córdoba, el estado en que estaba la casa, el abandono y desprecio con que se miraban estas preciosidades por falta de conocimiento de la estimación que se merecen, y que infaliblemente se perdían, por lo que se suplicaba que valiéndose de su autoridad y comisión, dispusiera que se extrajese de allí, y se trasladase al Real Alcázar de Sevilla” (Barco 1994 : 249).

Francisco de Bruna y Ahumada creó lo que llamó Colección de Inscripciones y Antigüedades de la Bética, que se nutrió de piezas encontradas por toda Andalucía, recogidas en nombre del rey y con autorización de Floridablanca. En 1789, tras una visita a Estepa se organizó el traslado de la colección al Alcázar de Sevilla tras un siglo de abandono.

Jardines del Alcázar de Sevilla

En el siglo XIX las desamortizaciones supusieron una gran debacle para el patrimonio histórico creándose en 1844 las Comisiones Provinciales de Monumentos con la finalidad de proteger los objetos arqueológicos recogidos y destinarlos a los Museos Provinciales.

En el Museo de Pinturas, ubicado en el antiguo Convento de la Merced (actual Museo de Bellas Artes), se comenzó a acumular los restos arqueológicos que iban apareciendo, incrementados con la incorporación de la Colección de Antigüedades de la Bética de Bruna, que hasta entonces había permanecido un poco olvidada en el Alcázar de Sevilla.

Museo de Bellas Artes de Sevilla

Con fecha de 25 de julio de 1855 Antonio Cabral Bejarano, director del Museo de Pinturas de Sevilla, firmaba el inventario de los objetos recibidos de Alonso Núñez de Prado, Teniente Alcalde del Alcázar. En total son 97 objetos reproducidos en el inventario en Romero Murube (1965: 91-93).

En los jardines del Alcázar quedaron las lápidas que no eran romanas, como la fundacional de Juan de Córdoba que pasó, como otras muchas “modernas y cristianas” al Museo Arqueológico Municipal, instalado en la Torre de Don Fadrique, propiedad del Ayuntamiento, fundado en 1886 por José Gestoso y Pérez e inaugurado el 28 de marzo de 1895 por la Infanta Doña Luisa Fernanda de Borbón. Estaba formado entre otras cosas por la colección de Francisco Mateos Gago.

Antiguo Museo Arqueológico Provincial. Actual Torre de Don Fadrique

Y allí, en el compás de la Torre de Don Fadrique, en el sevillano Convento De Santa Clara, a los pies de la escultura en bronce de Fernando VII encontramos la inscripción. Arrinconada. Desubicada. Fuera de su contexto. Olvidada. Esperando…

Torre de Don Fadrique. Escultura Fernando VII

Escultura Fernando VII. Inscripción Don Juan de Córdoba

El Palacio que albergó estos restos de la antigüedad se convirtió en ruinas. La gente pasa a su lado sin detenerse, sin imaginar la grandeza que una vez existió entre esos dos paredones.

CARLOS CAÑAVATE HUÉRCANO

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